Si el peso del embarazo ya de por si recae sobre la madre, por mucho que se involucren nuestras parejas, en tiempos de pandemia podríamos decir que se vive prácticamente en soledad, o mejor dicho, nos obligan a vivirlo en soledad.

Desde la primera cita con la matrona, esa donde te topas con la realidad del positivo, donde te explican lo que está por venir, los pasos a seguir, los análisis, las consultas y el sin fin de preguntas que flotan en tu cabeza de las cuales apenas eres capaz de recordar tres o cuatro.

Observas a tu lado la silla vacía mientras oyes pero no escuchas las indicaciones de la matrona, te sientes sola en este nuevo momento, porque siempre es nuevo, aunque no seas primeriza.

Y miras a esa matrona, que pone toda su atención en ti, sientes que no eres capaz de corresponder, de atender, de preguntar y retener toda esa información mientras vuelves a observar la silla vacía buscando ese apoyo, esas preguntas y esa atención que a ti te falta.

No es más fácil cuando llegas a casa e intentas trasladar toda esa información acumulada a tu compañero, porque seguramente se haya quedado por el camino la mayor parte de las indicaciones, o lo que es peor, la mitad de las sensaciones.

Alegrías y penas que pueden ir de la mano, angustias y nervios que se afrontan sin compañía, en soledad, mientras ellos, expectantes de nuestras llamadas al término sufren en silencio por no poder darnos la mano en este momento vital.

Lágrimas de emoción o tranquilidad que recorren nuestro rostro cuando escuchamos el primer latido, cuando la ecógrafa pronuncia la frase “está todo bien”, lágrimas de soledad y desconcierto cuando hay un silencioso “pero… “ mientras buscas con tus ojos la silla vacía.

Piensas en agarrar su mano, en mirar sus ojos, en emocionaros, llorar y sentir juntos. Buscas esa ausente compañía.

Ver su cuerpo, descubrir su sexo, intuir su cara tras la pantalla con un desconocido y solo poder llevar a casa un par de fotografías sin movimiento, sin expresión, sin la emoción de vivirlo juntos.

Sientes que no merecemos, que ellos no merecen esta injusta soledad mientras el tiempo pasa, los meses se cumplen y las etapas se cierran para no volver jamás.

Momentos, sonidos, expresiones, irrecuperables mientras dure esta pandemia, evitable si la figura paterna se tuviese más presente.

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