La culpa viene de la mano con los hijos, como el miedo.

Sentimientos que intentas evitar pero siempre estan presentes, en la sombra.

Desde que decides ser madre y piensas en el cambio de vida que ello supone, no la tuya, que esa la tienes interiorizada desde que pensaste por primera vez en ello y no has dejado de prepararte desde entonces, pero si en el cambio que va a suponer a tu pareja, miedo y culpa por ser partícipe de ese cambio, por no saber si haceis bien o mal, si es el momento u os estáis precipitando.

Culpable pensando en la alimentación o falta de ejercicio durante el embarazo, en que quizás hubieses podido hacer algo más porque nunca es suficiente para una madre.

Culpable al llegar al parto y sentirte perdida, pese a la información guardada en tu memoria.

Culpable al no poder tener un parto «normal» y que hayan decidido hacerte cesárea, sientes la culpa propia, desde tus entrañas aun siendo decisiones ajenas a ti.

Culpable al no poder pasar esas primeras horas con tu hijo, por no poder ofrecerle ese piel con piel, por no estar lista para amamantar desde el primer día, por sentir que pierde peso por tu culpa.

Culpable al llegar a casa con una criatura en las manos y que su vida dependa de tus cuidados, al ponerse enfermo y pensar en qué has fallado, al caerse de la cama y no haber prestado suficiente atención, al sumergirse en la bañera un segundo por tu resbalón, al enchufar con la colonia donde no deberías…

Culpable al optar por lactancia materna cuando piensas que cogerá más peso con biberón, o cuando decides optar por biberón y el mundo se te echa encima.

Culpable por probar blw pese a las recomendaciones de que en puré tu hijo tiene menos opciones de atragantarse, o por decidir meterlo en la cama pese a los comentarios sobre las costumbres, o al dejarlo en su cunita solo en la habitación el primer día, o a que duerma fuera de casa porque has decidido tener un tiempo solo para ti.

Culpable al no sentir la maternidad ideal que ves en otras madres, cuando necesitas tiempo para ti o vuelves al trabajo y sientes que abandonas a tu hijo.

Culpable de por vida al arrastrar sentimientos que no te pertenecen y, sin embargo, te sientes responsable.

Culpable de sentirte culpable, forma parte de la maternidad.

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