Recuerdo cómo disfrutábamos de pequeños con tan poco, mientras hoy en día los niños están sometidos a mucho estrés

Tú nunca hacías eso, siempre te has portado muy bien, no llorabas tanto, te dejábamos en cualquier sitio, no montabas esos numeritos.

Es cierto, yo he sido muy buena, tranquila, creo que hasta un día me quedé dormida sobre el plato en un restaurante y, cuando me metían en el parque, allí me quedaba sentada horas jugando tranquilamente con los cuatro juguetes que teníamos.

Recuerdo mi infancia junto a mi madre, siempre, ella para mí, para nosotras, en casa cuidándonos.

Antes salíamos a jugar a la calle, con nuestros primos o con los niños del pueblo, en los juegos los mayores cuidaban de los pequeños, íbamos al río todos juntos y nos ayudábamos entre nosotros a cruzar pisando los cudones cubiertos de verdín. Si nos picaba alguna sanguijuela, los mayores se las quitaban a los pequeños, aprendíamos a nadar o a flotar para resistir las aguadillas de los demás.

Hacíamos comiditas con agua, flores y hojas. Cuando queríamos hacer café le añadíamos tierra y las ramitas de los árboles nos servían de cucharita. De vez en cuando, apañábamos alguna pieza suelta de la vajilla de nuestras madres o abuelas que apreciábamos como oro en paño y otras las hojas verdes de higuera nos servían como platos.

Las brechas, picaduras, las hortigas y rasponazos eran parte de decoración de nuestras piernas. Heridas de jugar, en la calle, en el campo. Libres y sin horarios.

«Teníamos esa primera infancia para disfrutar, para jugar, para aprender de los mayores».

Antes empezábamos al cole a los 4 casi 5 años a preescolar. Teníamos esa primera infancia para disfrutar, para jugar, para aprender de los mayores. Rodeados siempre de familiares o gente cercana.

Hoy he levantado con pena a India a las 7:00 de la mañana, como muchos días entre semana, para ir al aula de madrugadores. Mamá y papá trabajan, como en la mayoría de las familias.

Tuve la suerte de que mi madre y mi abuela cuidaran de India hasta que la escolarizamos con 2 añitos recién cumplidos. Digo suerte porque la mayoría tienen que acudir a guarderías desde las 16 semanas (no llega a 4 meses).

Así que cuando observo que mi hija llora sin aparente motivo o se agarra a mí para que no le deje en ningún sitio pienso, si es que son tan pequeños y están todo el día danzando por ahí. Es normal.

Separaciones tempranas del entorno familiar, aprendizajes en manos de desconocidos, madrugones, comedores escolares, todo fuera. Sin nosotros.

Entretenimiento exprés

Ahora les entretenemos con dibujos, tienen infinidad de juguetes, se aburren de todo, aprenden inglés casi desde que nacen, hacen gimnasia, ballet, futbol, desde chiquitines, están sobre estimulados. Están cansados.

Juegan en los parques de las ciudades, llenos de niños, con muchos, pero con ninguno en concreto. Niños de paso, sin reforzar amistades, van y vienen. Vigilados bajo las miradas de los padres, atentos a que no se caigan o hagan ningún daño, un ratito porque hay que hacer recados. Deprisa, como nosotros a nuestro ritmo.

Y pienso…

Estamos criando a los niños correctamente o les estamos arrastrando a unos ritmos de vida demasiado estresantes.

¿Realmente hemos evolucionado o hemos ido hacia atrás?

Podéis leer este articulo en Cantabria DModa pinchando aquí.

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