Comparto mi reflexión sobre este tema tan actual y controvertido, del que creo nos queda mucho por avanzar

Hoy me gustaría comenzar el post con un comentario que hace unas semanas una amiga me escribía en una de mis publicaciones. «Paula, ¡me gusta mucho lo que escribes! A ver si un día escribes algo sobre las madres trabajadoras que intentan compaginar sus absorbentes trabajos con la crianza de sus hijos intentando no dejar ninguna de sus dos facetas, madre y profesional, de lado y la presión que eso les supone. ¡Fantástico trabajo el que estás haciendo!». Llevo pensando cómo abordar el tema desde entonces, un tema tan complicado como real hoy en día, la NO conciliación que yo le llamo.

Conciliación familiar

«La participación equilibrada entre mujeres y hombres en la vida familiar y en el mercado de trabajo, conseguida a través de la reestructuración y reorganización de los sistemas, laboral, educativo y de recursos sociales, con el fin de introducir la igualdad de oportunidades en el empleo, variar los roles y estereotipos tradicionales, y cubrir las necesidades de atención y cuidado a personas dependientes».

¿Existe realmente ese equilibrio llamado «conciliación»?

¿Es posible ser madre y profesional en un país que poco apoya la maternidad? Mucho nos queda por delante cuando aún se nos penaliza en el mercado laboral por ser madre (y mujer), o donde nos encontramos barreras que impiden poder conciliar la vida personal y profesional. Horarios incompatibles, penalizaciones en los puestos de trabajo por ser madres, falta de corresponsabilidad en los hogares…

Medidas tradicionales y en mi opinión obsoletas que empujan a las mujeres a renunciar a una de las dos cosas. Pero, ¿somos realmente conscientes de que la renuncia no es una solución?

Hoy desde aquí, con la libertad de poder expresarme, quiero ser altavoz de todas esas personas, hombres y mujeres, que tienen dificultades para conciliar.

Empecemos por concienciarnos, la conciliación no es un problema individual, es un problema social. Se puede luchar y cambiar hasta conseguir una conciliación real con la unión del Estado, las empresas y las familias.

Pero, ¿cómo?

Replanteando las jornadas laborales actuales. Reduciendo el tiempo improductivo, compactando horarios, eliminando jornadas partidas, largos desplazamientos, pausas largas para comer, estableciendo una planificación flexible que favorezca el tiempo personal siempre buscando el equilibrio y, por último, dar más importancia a los resultados que a las horas presentes en los empleos estableciendo indicadores de medición que observen los buenos resultados de los trabajadores.

Implicando al hombre en las tareas del hogar y corresponsabilidad familiar. De esto ya os hablé en otra de mis publicaciones, sería interesante y necesario que el foco no apunte solo las mujeres simplemente por que «somos madres» o mujeres. Si equiparamos responsabilidades y obligaciones en ambos sexos igualaríamos los procesos de selección o los techos de cristal que actualmente tenemos nosotras, porque las empresas dejarían de vernos como menos disponibles para el empleo.

Incentivando a las empresas la diversidad de género, no es un mito que las mujeres estemos penalizadas en el mercado laboral, ya que se da por hecho que somos las principales cuidadoras del hogar y podríamos no cumplir con las espectativas laborales. Pontenciar la presencia de la mujer en altos cargos directivos, concienciar y normalizar la idea de que la mujer o madre es compatible con puestos directivos.

Y, por último, plantear medidas de conciliación para todos.

Coger la reducción de jornada o cumplir estrictamente el horario en muchos casos se asocia a no llegar, a no poder cumplir objetivos. Es necesario proteger a la mujer en el trabajo y sociedad diseñando nuevas medidas de conciliación independientes al género de la persona. De tal manera que sean un derecho individual y no familiar que no implique una pérdida de ingresos. Debería bonificarse la adopción de medidas de teletrabajo, flexibilidad horaria o bolsas de hora.

Adaptar los trabajos a las personas y no las personas a los trabajos podría ser un comienzo. ¿No os parece?

¡Buena semana, amigos!

Podéis leer el artículo en El Diario Montañes.

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