Cualquier momento es bueno para cruzar el Desfiladero de la Hermida y transportarte a otro mundo en Picos de Europa, nunca me cansa llegar allí y sumergirme entre las montañas.

Potes es paz para nosotros.

Sus colores, sus montañas, sus ríos, sus olores y gastronomía nos atrapan cada vez que vamos.

Pero quizás sea su gente lo que hace que en cada viaje nos sintamos más acogidos. La gente de siempre, los que te reciben con sonrisas y te hacen sentir como en casa  dándote todo lo que tienen.

En furgo, en coche, durmiendo en casa de la familia, en casas rurarles, posadas, hoteles, campings o furgoneteo libre.  Creo que me queda poco por probar y es que ya son muchos los años que visitamos la zona.

A India la llevamos por primera vez con 3 meses, luego con 6, al año, año y pico…la ultima vez fuimos hace un par de semanas, es un destino genial para que respiren aire puro, vean animales o jueguen libres por las calles.

Rafting, senderismo, caballos, Quads, mountain bike… se me escapan las posibilidades que tiene la zona, quizás la primera vez recomendaría ir a no hacer nada, a descansar, a desconectar, a mirar al horizonte y contemplar el paisaje. Desde luego se recargan pilas y vuelves a casa con otro aire.

Traspasar ese laberinto de montañas, contemplar el río y las cabras ancladas en las montañas, pasar por La Casuca y darte un baño en las Termas de la Hermida, llegar al medio día a La Cántabra y tomarte un Lusía con Manel o cualquiera de los chicos de Cayo, eso si no te atrapa el olor de su cocido y te quedas a comer… comer unos callos en la plaza de los Camachos con Mariano al fondo gastándo alguna broma, una buena siesta en el Infantado donde asoman las montañas por sus ventanas y retomar fuerzas para pasear de nuevo por el empedrado de sus calles.

Porque Potes siempre se hace corto, corto en el tiempo porque las horas vuelan.

Tapear en La Barrica o el Bodegón y acabar tomando una copa en la terraza de La Reunión al calor de sus estufas. Charlar con Ladio y sus aventuras, unos chistes con Juanito o acariciar al perro del Trenti, escuchar algo de música de la Soldrería y las noches largas, largas…acabar en La Whiskería.

Se me escapan muchos sitios, muchos rincones familiares, muchos sitios singulares con historia, con vida. Muchos por recomendar y otros en los que me gustaría parar a hacer menciones especiales o más extensas pero os contaría demasiado…

y Potes es para descubrir.

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