El primer día después de ser mamá que aparecí por las oficina con mis labios pintados fué justo al día siguiente de recibir los productos de Mary Kay.


No os imagináis lo contenta que estaba yo con mis productos, no había vuelto a comprar cosmética desde antes de tener a India y tener esa bolsita dorada en mis manos me hacía una ilusión que parecía una niña con zapatos nuevos!, esta vez con cositas para mi, cositas para verme más guapa, que no nos viene mal para las que nos descuidamos al ser madres.

No soy de las que se arreglan para ir a trabajar, me visto bien, pero no suelo maquillarme, por eso cuando esté ese día por la puerta les dejé ojipláticos! 😀


Pero lo mejor vino después…

Soy de las que se comen las uñas, con los dedos pequeños y gorditos, chaparretos diría mi abuela, tengo los dedos torcidos de esguinces por jugar a balonmano y callo del bolígrafo…vamos un cristo.

Nunca me he cuidado las manos, salvo para mi boda que se me antojó ponerme uñas de porcelana, así que ahí estaba yo con todos esos productos encima de la mesa lista para hacerme un tratamiento y no sabía por donde empezar!

Seguí los pasos según las instrucciones, ya el exfoliante me pareció una pasada, pero al aplicarme después los geles y cremas… mis manos parecían terciopelo, he repetido la operación solo tres veces porque no he tenido tiempo de mas y con tan solo esas tres veces he notado una diferencia importante en mis manos, un antes y un después.

Cuando me maquillo soy muy básica y solo uso unos polvos de colorear y nunca me falta un buen rímel. Eso hace que muchos días me marche a la cama sin desmaquillar y por la mañana me levante con ojos panda… por lo que el desmaquilladora de ojos liquido de Mary Kay me vino perfecto! Ahora lo guardo como un tesoro.

Me ha venido genial este sello de calidad, no solo porque me ayuda a mejorar mi imagen ya descuidada sino que también me ha aportado una subida de autoestima.

 

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